¿A qué temperatura se pone la caldera? Esta es una pregunta muy repetida estos meses y es que, con la llegada del frío, toca poner a punto la calefacción y revisar la caldera. A veces es uno de los electrodomésticos más olvidados del hogar, a pesar de su vinculación con nuestro bienestar y su impacto en nuestro consumo energético.
Según un estudio realizado en 600 hogares de nuestro país, la calefacción supone un 63% de la energía que consumimos en casa*. ¡Más que los electrodomésticos, agua caliente, cocina e iluminación juntos!
La temperatura ideal de la caldera depende realmente del sistema de calefacción, de los emisores instalados y de si quieres regular la calefacción o el agua caliente sanitaria. También influyen el aislamiento de la vivienda, la temperatura exterior y las indicaciones del fabricante.
Ya sea para mantener una temperatura de confort en tu vivienda en los meses más fríos o disfrutar de agua caliente durante todo el año, las calderas sufren un uso continuo y consumen mucho. Por eso, en Plenitude, te damos los rangos orientativos para ajustar la temperatura de la caldera, los radiadores, el agua caliente y el termostato sin renunciar al confort.
En principio, la temperatura ideal de una caldera es la más baja posible siempre que se mantenga el confort en el interior de la casa. Pero el primer paso antes de regular los grados es saber qué tipo de caldera tienes en casa.
Como orientación, una instalación con radiadores tradicionales suele trabajar con agua entre 55 y 70 ºC. Los radiadores de baja temperatura y el suelo radiante necesitan valores inferiores, normalmente entre 30 y 45 ºC. Para el agua caliente sanitaria, una caldera mixta suele configurarse entre 40 y 50 ºC.
Veamos qué ocurre con otros sistemas.

No existe, sin embargo, una temperatura universal que funcione igual en todas las viviendas. Lo aconsejable es comenzar por la parte baja del rango recomendado para tu sistema, comprobar si la casa alcanza una temperatura confortable y aumentar el ajuste gradualmente solo si es necesario.
Sistema o uso | Rango orientativo | Qué conviene hacer |
Radiadores tradicionales | 55-70 ºC | Empezar en la parte baja y subir si falta confort |
Radiadores de baja temperatura | 35-45 ºC | Seguir la configuración del sistema |
Suelo radiante | 30-45 ºC | Evitar cambios continuos y respetar los límites de la instalación |
ACS en caldera mixta | 40-50 ºC | Ajustar según el confort y el funcionamiento del equipo |
ACS con acumulador | 55-60 ºC | Respetar las indicaciones sanitarias y del fabricante |
Termostato durante el día | 19-21 ºC | Adaptar según el aislamiento y la ocupación |
Termostato durante la noche | 15-17 ºC | Reducir la consigna si resulta confortable |
*Estos valores son orientativos. Consulta el manual de tu caldera y recurre a un profesional cualificado si tienes dudas sobre la configuración o el funcionamiento de la instalación.
La temperatura de la caldera indica a cuántos grados se calienta el agua que circula por la instalación. La temperatura del termostato indica los grados que quieres alcanzar en la vivienda. Por ejemplo, puedes tener la caldera a 60 ºC para calentar el agua de los radiadores y el termostato a 20 ºC para controlar la temperatura ambiente. Son dos ajustes diferentes que trabajan de forma conjunta.
Tampoco debe confundirse ninguno de ellos con la temperatura del agua caliente sanitaria, que se regula de manera independiente en las calderas que ofrecen calefacción y ACS.
Con una caldera de gas conseguirás el máximo ahorro energético si la sitúas por debajo de los 53 ºC. Por cierto, ¿sabías que un buen mantenimiento también contribuye a reducir tu consumo de gas? Descubre cómo las revisiones periódicas de tu caldera aumentan la eficiencia de tu calefacción.
La temperatura adecuada para la calefacción depende principalmente del tipo de emisor que distribuye el calor por la vivienda. Los radiadores tradicionales suelen necesitar agua más caliente que el suelo radiante o los radiadores de baja temperatura.
En una instalación con radiadores tradicionales, la temperatura óptima de la caldera se sitúa entre los 60 y 70 °C. No siempre es necesario empezar por el valor más alto. Puedes configurar inicialmente la temperatura del agua alrededor de 55-60 ºC y comprobar si la vivienda alcanza la temperatura seleccionada en el termostato.
Si no la alcanza durante un periodo razonable de funcionamiento, aumenta la temperatura poco a poco. En viviendas bien aisladas o durante los días menos fríos puede bastar con un ajuste inferior. Si necesitas mantener la caldera constantemente a temperaturas muy elevadas para conseguir confort, conviene revisar el aislamiento, el estado de los radiadores y el equilibrio de la instalación.
Los radiadores de baja temperatura funcionan con una temperatura del agua de entre 35 y 40 ºC.
Como están diseñados para emitir calor con agua a menor temperatura, no necesitan los mismos ajustes que un radiador convencional. Algunos modelos pueden trabajar en un rango aproximado de 35 a 45 ºC, aunque siempre deben respetarse las indicaciones del equipo y de la instalación.
Si no tienes claro si merece la pena invertir en este tipo de radiador, te contamos en nuestro blog qué radiadores consumen menos y cuáles merecen la pena.
En instalaciones de suelo radiante conviene no superar los 50 ºC, por lo que una temperatura de 35-40 ºC en la caldera puede ser suficiente para calentar tu vivienda.
Como el suelo radiante trabaja con una elevada inercia térmica, los cambios de temperatura tardan más en percibirse que con los radiadores. Por eso, conviene evitar subidas y bajadas continuas y respetar la configuración prevista para la instalación.
Encontrar una temperatura adecuada puede ayudarte a utilizar la calefacción de forma más eficiente. Y revisar qué tarifa tienes contratada puede ser el siguiente paso para entender y controlar mejor tus costes energéticos.
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En una instalación con fancoils, la temperatura necesaria depende del modelo, de la potencia de los equipos y del diseño del sistema. No conviene aplicar automáticamente la configuración de los radiadores tradicionales. Consulta las especificaciones del fabricante o la configuración realizada por el instalador antes de explorar el aparato.
En este caso, es el tipo de emisor el que condiciona a qué temperatura debemos poner la caldera. Las calderas de condensación pueden aprovechar mejor la energía cuando trabajan con temperaturas de retorno suficientemente bajas. Por ello, resulta recomendable utilizar la temperatura de impulsión más baja que permita alcanzar el confort deseado.
Si tienes radiadores tradicionales, empieza con una temperatura moderada y aumenta el valor únicamente cuando la vivienda no alcance la temperatura seleccionada en el termostato. Con suelo radiante o radiadores de baja temperatura, la instalación ya está preparada para trabajar con valores inferiores.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que no es lo mismo vivir en una zona fría que en una cálida. La instalación de la calefacción se hace en función de la temperatura ambiente mínima estimada de la zona en la que resides. Sin embargo, esos valores no se dan todos los días, con lo que podrías bajar la temperatura de la caldera cuando no se alcancen.
En Plenitude, fomentamos el uso responsable de la energía y esa es la razón por la que te animamos a ajustar la temperatura de tu calefacción. Y no porque te preocupen las subidas de precio que suelen producirse en épocas frías, cuando hay más demanda de energía. Por eso, te ofrecemos una tarifa fija de luz con un precio competitivo por kWh las 24 horas del día y para 12 meses. Cámbiate a la Tarifa Fácil de Plenitude y disfruta de todas sus ventajas sin permanencia.
Según las recomendaciones del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), la temperatura del agua caliente debería estar entre 40 y 50 ºC en calderas mixtas. Sin embargo, en calderas que cuenten con acumuladores de agua externos, la elevaríamos a 55-60 ºC, ya que estos sistemas necesitan mantener el agua caliente de manera constante, lo que puede implicar un consumo energético mayor.
Respeta siempre las indicaciones del fabricante y las recomendaciones de mantenimiento e higiene aplicables a tu instalación, antes de manipular tu caldera.
Ten en cuenta que la temperatura del agua caliente de la caldera no significa que el agua del grifo o de la ducha salga a esa temperatura, ya que se mezcla con agua fría en el punto de consumo.
También pueden producirse pequeñas pérdidas térmicas durante el recorrido por las tuberías. Por tanto, la cifra que aparece en la caldera indica la temperatura a la que el equipo produce el ACS, no necesariamente la temperatura final en el punto de uso.
Según las recomendaciones del IDAE, en espacios cerrados como una vivienda, el termostato debería situarse entre los 19 y los 21 ºC. Esta temperatura se refiere al ambiente de la vivienda, no al agua que circula desde la caldera hacia los radiadores.
Aunque las indicaciones de referencia son claras, existen diferentes factores que influyen a la hora de elegir la temperatura adecuada de la calefacción.
Una temperatura de consigna de entre 19 y 21 ºC puede ofrecer un equilibrio razonable entre confort y consumo. La elección dependerá también de la ropa, la actividad, la sensación térmica de cada persona y el aislamiento de la vivienda.
Si la casa no alcanza la temperatura seleccionada, comprueba la programación, el estado de los radiadores y las posibles pérdidas de calor antes de elevar excesivamente la temperatura de la caldera.
Por las noches, aunque baje la temperatura exterior, no es necesario que la calefacción tenga una temperatura elevada. De hecho, se recomienda bajar unos grados con respecto a la temperatura del día para descansar mejor.
Como referencia, el termostato puede reducirse a unos 15-17 ºC durante la noche, siempre que este rango resulte adecuado para las características y necesidades del hogar.
Si hay bebés, niños pequeños, personas mayores o personas con necesidades específicas en casa, puede ser necesario adaptar esa temperatura para mantener un ambiente confortable.
En ausencias breves, puedes programar una temperatura inferior a la habitual en lugar de mantener la misma consigna que cuando la vivienda está ocupada.
La conveniencia de apagar completamente la calefacción o mantener una temperatura reducida dependerá de la duración de la ausencia, del aislamiento y de la inercia térmica de la vivienda. De esta forma, se evita aplicar una recomendación única a hogares con características muy diferentes.
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Seguir algunos consejos a la hora de regular la calefacción te ayudará a mejorar su rendimiento y a ahorrar en tu factura. Te dejamos 7 ideas sencillas que puedes poner en práctica:
Programar el termostato, ajustar la caldera y evitar pérdidas de calor puede ayudarte a consumir de forma más eficiente. Pero controlar lo que pagas también depende del precio de la tarifa eléctrica que tengas.
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Depende del sistema. Como orientación, los radiadores tradicionales suelen trabajar entre 55 y 70 ºC; los radiadores de baja temperatura, entre 35 y 45 ºC; el suelo radiante, entre 30 y 45 ºC; y el agua caliente de una caldera mixta, entre 40 y 50 ºC.
La temperatura dependerá del emisor. Con radiadores tradicionales puedes empezar alrededor de 55-60 ºC; con radiadores de baja temperatura, el rango orientativo es de 35-45 ºC; y con suelo radiante, de 30-45 ºC.
Empieza alrededor de 55-60 ºC y comprueba si la vivienda alcanza la temperatura seleccionada en el termostato. Si no la alcanza, aumenta gradualmente el ajuste sin superar las indicaciones del fabricante.
En radiadores tradicionales, el agua suele circular entre 55 y 70 ºC. Los radiadores de baja temperatura están preparados para trabajar aproximadamente entre 35 y 45 ºC.
Sí, siempre que la vivienda alcance el confort deseado y el sistema funcione correctamente. Si los radiadores no aportan suficiente calor, puede ser necesario aumentar la temperatura gradualmente.
Algunas instalaciones con radiadores tradicionales pueden necesitar temperaturas cercanas a 70 ºC en momentos de mucho frío. Sin embargo, 80 ºC no debería ser el ajuste habitual sin una necesidad concreta y sin comprobar las indicaciones del equipo.
Una temperatura elevada puede aumentar el consumo y no siempre mejora el confort. Consulta el manual o a un profesional antes de utilizar valores extremos.
En una caldera mixta instantánea, el rango orientativo es de 40 a 50 ºC. En una instalación con acumulador, el intervalo recomendado es de 55 a 60 ºC.
ACS significa agua caliente sanitaria: el agua caliente que se utiliza en duchas, lavabos, fregaderos y otros puntos de consumo doméstico.
Puede deberse a aire en los radiadores, una programación incorrecta, válvulas cerradas, pérdidas de calor, una instalación desequilibrada o una avería. Si las comprobaciones básicas no resuelven el problema, consulta a un profesional.
Si no necesitas calefacción, activa el modo verano o la función solo ACS siguiendo las instrucciones del equipo. Puedes mantener el agua caliente en un nivel confortable sin conservar activo el circuito de calefacción.
Programa el termostato según las horas en las que utilizas cada estancia, regula los radiadores de las habitaciones vacías y aprovecha la luz solar. Evita calentar toda la vivienda del mismo modo si pasas la mayor parte del día en una única zona.
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Ajustar la temperatura de la caldera, programar la calefacción y reducir las pérdidas de calor puede ayudarte a aprovechar mejor la energía en casa. Y si además quieres tener más control sobre lo que pagas, revisar tu tarifa puede ser el siguiente paso.
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