Llega el invierno y, con él, el uso de la calefacción para aclimatar tu hogar y combatir el frío. En esta época, el consumo energético en casa se dispara, con el consiguiente aumento en la factura de la luz o el gas. De hecho, según la OCU, cada hogar español gasta 640 € al año sólo en calefacción.
Ante esta cifra, es normal buscar fórmulas para ahorrar en tu recibo sin renunciar al confort. Los radiadores eléctricos de bajo consumo parecen ser una buena opción para lograr un gasto energético más eficiente.
Pero ¿realmente supone su uso un ahorro en tu factura? En este artículo, responderemos a esta pregunta y analizaremos diversas opciones de calefacción eficiente para ayudarte a elegir la más rentable.
Se trata de aparatos de calefacción que almacenan el calor y lo van liberando de forma gradual. Su capacidad para retener y desprender calor más allá del tiempo que estén enchufados les ha valido el nombre de “radiadores de bajo consumo”.
Suelen disponer de un panel de control digital que te permite programar la temperatura ideal en todo momento. Al alcanzarla, el radiador se apaga. De este modo, se reduce el tiempo en que está funcionando, dando lugar a un mayor ahorro energético.
Reducir tu consumo es el primer paso para ahorrar en tu factura de la luz. Y si quieres ir un paso más allá, nuestra tarifa fija de luz te lo pone fácil: el mismo precio a cualquier hora del día, durante 12 meses. Así, te olvidas de pagar más en las horas punta y de posibles subidas.
La principal diferencia entre ambos tipos de radiadores la marca la gran inercia térmica que tienen los de bajo consumo. Son capaces de retener y seguir desprendiendo calor horas después de haberlos apagado.
Ahora bien, la otra cara de la moneda es que los radiadores de bajo consumo necesitan más tiempo para alcanzar una temperatura cálida y confortable. En cambio, un radiador convencional permite calentar con mayor rapidez.
El consumo de este tipo de radiadores depende de la potencia del modelo que elijas. Por lo general, suelen gastar una media de 600 a 1.200 vatios.
Pero lo más importante para garantizar el confort térmico sin que tu factura de la luz se dispare es adecuar la potencia a las dimensiones del espacio a calentar. A modo de guía, podríamos decir que cada m² requiere unos 90-100 vatios. Es decir, que una estancia de 12 m² se calentaría bien con una potencia de 1.100 W a 1.200 W.
Recuerda que cuanto mayor sea la potencia, mayor será tu consumo energético. ¿Te gustaría saber cuáles son los electrodomésticos que más electricidad gastan en tu hogar? Descúbrelos en este artículo.
Con tanta oferta en el mercado, elegir el sistema de calefacción idóneo para tu hogar no es tarea fácil. A continuación, te damos unas pinceladas sobre los tipos de radiadores más comunes.
El aluminio tiene una inercia térmica baja. Esto supone que los radiadores fabricados con este material se calientan a gran velocidad, pero no tienen la capacidad de mantener la temperatura cuando se apaga la calefacción.
¿La parte positiva? Son de bajo coste y fácil instalación. Además, el aluminio es un material reciclable al 100%.
Si te planteas esta alternativa de calefacción para cuidar el planeta, tenemos algo que contarte. En Plenitude, sólo suministramos electricidad limpia, procedente de fuentes renovables. ¡Consume energía respetuosa con el medioambiente y súmate a nuestra revolución verde!
Este sistema de calefacción, que tiene como fuente el gas natural, es el elegido por el 33% de los hogares españoles. La caldera calienta el agua y la bombea a través de un circuito cerrado de tuberías. Estas acaban su recorrido en los radiadores, que se calientan por la temperatura del agua.
Para controlar tu consumo, es recomendable instalar un termostato regulable en cada radiador. Para ello, sólo tendrás que sustituir la válvula que abre y cierra el paso del agua por otra que sirve para adecuar la temperatura de cada estancia según su superficie y el uso que hagas de ella.
Estos radiadores son de uso frecuente por su facilidad de instalación: sólo tienes que enchufarlos a la red eléctrica. Estos son los tres tipos más comunes:
Funciona con resistencias de aluminio, un material que tarda poco en calentar, pero que pierde el calor rápidamente cuando se apaga el radiador.
Por su interior circula un líquido térmico que calienta de forma uniforme el radiador. Los más conocidos son los de calor azul, que funcionan con un aceite caloportador denominado “Sol azul” y se consideran de bajo consumo.
Están compuestos por un elemento cerámico con una inercia térmica elevada: siguen emitiendo calor hasta 4 horas después de su apagado. Aunque son más eficientes, su precio es superior al de los dos radiadores secos o de fluido.
Estos radiadores están diseñados para funcionar a una temperatura inferior a la de los tradicionales. Bastan 35-45 ºC para que rindan al 100%, frente a los 75 ºC que requiere un radiador tradicional.
Esto supone un ahorro en la energía empleada por la caldera para calentar el agua, así como en tu factura del gas.
Ahora bien, ten en cuenta que instalar radiadores de baja temperatura no reducirá tu consumo si la caldera no es a su vez eficiente. Si quieres optimizar el rendimiento de tu caldera, sigue los consejos que encontrarás en este artículo de nuestro blog.
Llega el momento de decidir cuál es tu mejor opción para ahorrar energía mientras disfrutas del calor de tu hogar.
Si ya tienes radiadores de agua tradicionales, puedes aumentar su eficiencia instalando válvulas termostáticas. Una solución sencilla con la que evitarás que el radiador siga calentando por encima de una temperatura determinada.
En cuanto a los materiales, recuerda que el aluminio es un excelente conductor de calor. Esto implica que los radiadores fabricados con este material se calientan en muy poco tiempo, consumiendo menos energía hasta llegar a la temperatura ideal.
Sin embargo, son los radiadores de baja temperatura los que se llevan el podio de la eficiencia energética. Como su nombre indica, trabajan a una temperatura inferior que los tradicionales, por lo que su uso supone un ahorro de energía y de agua.
Sin olvidar una ventaja adicional: son compatibles con sistemas de calefacción basados en energías renovables, como la biomasa, la energía solar o la aerotermia. Así que este tipo de radiadores te permiten ahorrar mientras cuidas el medioambiente.
A largo plazo sí merece la pena. Recordemos que un radiador de bajo consumo suele gastar entre 600 y 1.200 vatios. En cambio, el consumo de los radiadores eléctricos convencionales oscila entre los 2.000 y 2.500 vatios. Una diferencia significativa que notarás en tu factura de la luz.
¿Te preocupa que tu factura se dispare por usar tu radiador eléctrico en el horario punta de la luz? Cámbiate a nuestra Tarifa Fácil Luz y despreocúpate de los tramos horarios. Disfruta del calor de tu hogar con una tarifa fija las 24 horas del día y empieza a ahorrar.
Pero, como hemos visto, existen muchos tipos de radiadores aparte de los eléctricos. A continuación, te presentamos una comparativa visual entre los consumos y características de diferentes opciones.
| RADIADOR BAJO CONSUMO (CALOR AZUL) | RADIADOR DE ACEITE |
| Fuente de energía: electricidad | Fuente de energía: electricidad |
| Eficiencia 100%: 1 kW de energía térmica por cada kW de energía eléctrica consumido | Eficiencia 100%: 1 kW de energía térmica por cada kW de energía eléctrica consumido |
| Precio más elevado | Precio más económico |
| No requiere instalación profesional | No requiere instalación profesional. |
| Alta inercia térmica | Baja inercia térmica |
| RADIADOR DE BAJO CONSUMO | RADIADOR DE BAJA TEMPERATURA |
| Fuente de energía: electricidad | Fuente de energía: gas natural |
| Eficiencia 100%: 1 kW de energía térmica por cada kW de energía eléctrica consumido | Consume menos energía por la temperatura del agua (35 ºC) |
| Alta inercia térmica | Baja inercia térmica |
| Sin instalación profesional | Requiere instalación profesional |
| Precio más económico | Precio más elevado |
Te recomendamos tres modelos de radiadores eléctricos que se encuentran entre los más eficientes del mercado, indicándote sus características principales.
En Plenitude tenemos un fuerte compromiso con la sostenibilidad. Por eso, te presentamos tres energías renovables con las que podrás aumentar tu eficiencia energética mientras reduces las emisiones de CO2 de tu hogar.
Teniendo en cuenta la cantidad de horas al año de sol de que disfrutamos en España, no es de extrañar que el autoconsumo fotovoltaico sea una práctica cada vez más extendida en nuestro país.
Para calentar tu hogar mediante la energía solar que produces, puedes usar radiadores solares o instalar un suelo radiante. De este modo, te ahorrarás hasta un 70% en tus facturas energéticas.
¿Todavía no tienes paneles solares? Te asesoramos para encontrar una solución que se adapte a tu consumo y a tu tejado.
Esta energía se obtiene al extraer el calor del aire con una bomba de calor. Tiene una eficiencia energética del 400%, es decir, genera 4 kWh de calor por cada kilovatio de energía eléctrica que consume.
Su precio de instalación es elevado. Sin embargo, este sistema consume un 41% menos que una caldera y un 77% menos que la electricidad, por lo que en menos de diez años habrás amortizado tu inversión gracias al ahorro que supondrá en tus facturas.
Si quieres encontrar más información sobre este sistema, hemos creado una guía completa de aerotermia en nuestro blog.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), describe esta energía, que procede del calor solar acumulado en el interior de la tierra, como la tecnología de climatización de edificios más eficiente y menos contaminante.
Se estima que su uso supone un ahorro de energía de hasta el 70% cuando se usa para la calefacción y de hasta el 50% en refrigeración.
Seguir estos cinco consejos te ayudará a controlar tu consumo energético.
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